El contraalmirante Pablo Javier Barbich fue designado por el ministro de Defensa, Carlos Presti, como jefe de inteligencia militar, un cargo estratégico para la articulación entre las Fuerzas Armadas y la Secretaría de Inteligencia del Estado. La decisión se inscribe en el proceso de reorganización del sistema de inteligencia que impulsa el Gobierno nacional.
La designación despertó atención pública por la trayectoria de su padre, Alberto César Barbich, ex alto mando de la Marina durante la última dictadura. Su nombre estuvo vinculado a la causa por delitos cometidos en la ESMA y a declaraciones en las que relativizó crímenes de ese período, un antecedente que reavivó el debate en torno a la memoria y las responsabilidades institucionales.
El nuevo jefe de inteligencia cuenta con experiencia como enlace en el exterior y asume en un contexto de reformas normativas que ampliaron las facultades operativas del área. Los cambios, dispuestos por decreto, modificaron el funcionamiento del esquema de inteligencia y generaron discusiones en el plano político y judicial.
Desde la oposición y organismos de derechos humanos manifestaron preocupación por la designación, al considerar que la presencia de figuras asociadas, aunque sea por lazos familiares, al pasado autoritario puede impactar en la percepción pública. En el oficialismo, en cambio, sostienen que se trata de una elección basada en antecedentes profesionales y que apunta a fortalecer la estructura técnica del área.

