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¿Por qué hay poco clima de Mundial en Argentina?

Por Luis Emanuel Cecchini 

Faltan menos de 15 días para el Mundial 2026 y, sin embargo, algo no encaja. Hay muy poco clima mundialista en Argentina.

No hay camisetas en cada esquina, no abundan las banderas en balcones ni negocios decorados de celeste y blanco. En la calle, en los medios y hasta en las conversaciones cotidianas, el Mundial parece estar lejos, aunque ya esté a la vuelta de la esquina.

La pregunta es inevitable: ¿por qué los argentinos no estamos viviendo el clima mundialista como antes?

Durante décadas, los Mundiales fueron mucho más que fútbol. Eran una especie de pausa emocional colectiva. El país se transformaba: aparecía merchandising en todos lados, los kioscos vendían productos temáticos, los comercios se sumaban a la fiebre y la Selección monopolizaba las charlas. Hoy eso no sucede con la misma intensidad.

Las razones detrás del fenómeno

La primera tiene que ver con el propio formato del Mundial. Con 48 selecciones y una fase de grupos accesible para Argentina, la sensación de riesgo disminuyó. Antes, cada partido parecía una final; ahora, muchos sienten que la clasificación está prácticamente asegurada desde el inicio. Y cuando el desafío parece menor, también baja la expectativa.

Otro punto clave es que Argentina ya es campeona del mundo. La conquista de Qatar 2022 fue tan épica y emocionalmente potente que dejó una sensación de misión cumplida. Claro que todos queremos volver a ganar, pero ya no existe esa necesidad desesperada de romper la sequía. El sueño máximo ya se cumplió.

Además, esta Selección llega en un contexto distinto. En 2022, el equipo transmitía una imagen de invencibilidad: campeón de América, campeón de la Finalissima, Messi en un nivel extraordinario y un grupo consolidado. Hoy hay lesiones, jugadores con molestias físicas y menos sensación de dominio absoluto. Argentina sigue siendo candidata, pero quizás no “la” candidata como hace cuatro años.

La crisis económica también pesa. Y mucho. En un país donde gran parte de la población está ajustando gastos, el Mundial deja de ocupar el centro de la escena cotidiana.

Decorar un local, comprar camisetas o sumarse al merchandising parecen lujos innecesarios. Cuando la prioridad es llegar a fin de mes, el entusiasmo colectivo inevitablemente pierde fuerza.

Ni los medios logran contagiar la fiebre mundialista. Las noticias no dejan de hablar de crisis, ajuste, recortes, FMI, Adorni, la interna oficialista, las derrotas de River y Boca. El Mundial, ni siquiera con la lista de jugadores de la selección ya confirmada, puede instalarse en la agenda.

El Mundial sigue siendo el evento deportivo más importante del planeta. Y probablemente, cuando la pelota empiece a rodar, la mayoría de los argentinos volvamos a paralizarnos frente a una pantalla. Pero esta vez el camino hasta el debut se siente distinto: más frío, más apagado y menos festivo. Tal vez no sea falta de pasión. Quizás sea simplemente el reflejo de un país cansado.

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