El presidente Javier Milei volvió a Córdoba en un escenario cuidadosamente diseñado. Ingresó a la Bolsa de Comercio por un pasillo improvisado, con luces atenuadas y un salón que parecía más un set que una asamblea empresaria. Nada fue casual: la organización, orquestada por Karina Milei, buscó crear la atmósfera que el mandatario necesita para desplegar sus ideas económicas sin sobresaltos y frente a un público indulgente.
El anfitrión fue Manuel Tagle, histórico referente del empresariado cordobés, que otra vez asumió el papel de sostén de presidentes en apuros. Evitó mencionar las preocupaciones que circulaban en los pasillos —inflación, cierre de pymes, caída de la producción— y eligió hablar de milagros. Milei lo agradeció en varias oportunidades, consciente de que la puesta en escena recordaba a los años en que Tagle también respaldaba a Mauricio Macri en sus horas bajas.
Dudas y silencios en el auditorio
El Círculo Rojo cordobés escuchó con atención, pero no sin reservas. Antes de la exposición presidencial, la palabra de economistas como Guido Sandleris ya había sembrado incertidumbre: el rumbo económico no muestra giros, las empresas sienten el ahogo y la promesa de que Argentina será potencia en veinte años no alcanza para sostener la esperanza. Hubo aplausos, sí, pero también abandonos discretos a mitad del discurso.
Milei, fiel a su estilo, pidió el voto para octubre sin medias tintas: “no hay plan B”. El riesgo político, explicó, está detrás del tembladeral financiero. Y mientras agitaba el fantasma kirchnerista como explicación a todos los males, en la sala flotaba la duda sobre si habrá capacidad real de cambiar el rumbo.
Schiaretti en la mira
La sorpresa llegó cuando Milei rompió la tregua tácita que mantenía con Juan Schiaretti. Lo acusó de “gastomaníaco” y de querer llevar el IVA al 42%. La mención directa sacudió a los presentes, sobre todo porque el exgobernador representa un emblema del modelo cordobés que la política local exhibe como marca registrada.
En la mesa, figuras como Daniel Passerini y Manuel Calvo escuchaban en silencio. La estrategia parece clara: polarizar con Provincias Unidas y tensionar el relato de gestión que sostiene al peronismo cordobés.
El nuevo envase de la campaña
Más allá de las críticas, Milei intentó mostrarse optimista. Habló del “Partido de la Esperanza” y se rodeó de sus figuras más leales: Karina Milei, Patricia Bullrich, Martín Menem y Manuel Adorni. Pero la foto fue más escueta que en otras visitas. Ni Rodrigo de Loredo ni Luis Juez estuvieron presentes, este último prefirió asistir a un casamiento en Buenos Aires antes que mostrarse en un acto teñido de campaña.
Algunos intendentes macristas y legisladores radicales completaron la escena, pero quedó en evidencia que la política cordobesa ya no se agolpa para aparecer en la foto con el presidente. Porque la política, ingrata como siempre, sólo busca retratarse con el campeón.

