Escribe: Eva Pathenay
Cruzar los puentes sobre el río Ctalamochita, caminar por la Costanera o recorrer el centro de Villa María ya no constituye una experiencia exclusivamente analógica. En los últimos años, la ciudad transformó profundamente su modelo de prevención del delito: el patrullaje tradicional comenzó a complementarse con un sistema basado en videovigilancia, monitoreo en tiempo real e inteligencia artificial.
Con una de las redes de cámaras más extensas del interior de Córdoba, Villa María se posiciona como un referente provincial en prevención tecnológica. La incorporación de dispositivos inteligentes, la integración de cámaras privadas y el análisis automatizado de imágenes reconfiguran el espacio público y reabren un interrogante propio de las democracias actuales: ¿hasta dónde puede avanzar la vigilancia en nombre de la seguridad sin afectar la privacidad?
Según datos oficiales, el Centro de Monitoreo Unificado concentra más de 400 cámaras activas, un promedio cercano a cuatro dispositivos cada mil habitantes. Esa cobertura supera la de ciudades como Buenos Aires y Bogotá, convirtiendo a Villa María en una de las localidades con mayor densidad de videovigilancia de la región.
El salto tecnológico, sin embargo, no se explica solo por la cantidad de cámaras. El programa Red Vigía integró al sistema municipal los dispositivos instalados en comercios, supermercados, estaciones de servicio, el Mercado de Abasto y la Terminal de Ómnibus.
A diferencia de los modelos tradicionales, las imágenes ya no dependen únicamente de operadores humanos. Mediante inteligencia artificial, el sistema analiza automáticamente las grabaciones, identifica comportamientos previamente definidos como inusuales y genera alertas para coordinar la intervención de la Guardia Local o la Policía de Córdoba.
Más allá de su eficacia operativa, esta infraestructura modifica la relación entre los ciudadanos y el espacio público. Allí comienza un debate que trasciende la tecnología y se adentra en la filosofía política.
Del panóptico a la ciudad vigilada
Para comprender este fenómeno resulta inevitable recurrir a Michel Foucault. En Vigilar y castigar, el filósofo francés retomó el concepto del panóptico, un modelo carcelario diseñado por Jeremy Bentham donde un solo vigilante podía observar a todos los prisioneros sin que estos supieran cuándo estaban siendo observados.
La fuerza del panóptico no residía únicamente en la vigilancia efectiva, sino en la posibilidad permanente de ser observado. Esa incertidumbre llevaba a los individuos a disciplinar espontáneamente su conducta.
Aunque Villa María está lejos de aquel modelo arquitectónico, muchos investigadores consideran que las tecnologías actuales recuperan parte de esa lógica. Las antiguas torres de vigilancia fueron reemplazadas por cámaras, domos de alta definición, lectores automáticos de patentes y software que opera de manera permanente.
Desde una perspectiva foucaultiana, la simple conciencia de poder ser observado influye sobre determinadas conductas y modifica la forma en que las personas se relacionan con el espacio público.
Una vigilancia distribuida
Otra categoría desarrollada por Foucault, la microfísica del poder, ayuda a comprender el funcionamiento de Red Vigía.
Para el filósofo, el poder no reside exclusivamente en el Estado, sino que circula por toda la sociedad mediante instituciones, relaciones cotidianas y prácticas compartidas.
La integración de cámaras privadas y alarmas comunitarias convierte a comerciantes y vecinos en participantes activos del sistema de prevención. El ciudadano ya no solo es observado; también colabora, voluntariamente, con la producción de información que fortalece la red de monitoreo.
La vigilancia deja así de ser exclusivamente estatal para transformarse en una práctica distribuida entre organismos públicos, actores privados y la propia comunidad.
La gestión inteligente del territorio
El sistema también puede analizarse desde el concepto de biopolítica, mediante el cual Foucault describió las estrategias estatales orientadas a gestionar poblaciones antes que individuos.
Los Centros Operativos Inteligentes instalados en los accesos a Villa María responden a esa lógica. Equipados con cámaras de alta definición y lectores automáticos de patentes, permiten monitorear el ingreso y egreso de vehículos, detectar automóviles con pedidos judiciales y generar información útil para la planificación de políticas de seguridad.
Más que barreras físicas, funcionan como filtros tecnológicos destinados a administrar la circulación y reducir riesgos mediante el uso de datos.
Cuando el algoritmo también vigila
Las tecnologías actuales llevaron el debate un paso más allá. Gilles Deleuze describió este escenario como el paso hacia las sociedades de control, donde la vigilancia ya no depende de instituciones cerradas sino de redes digitales, algoritmos y procesamiento permanente de información.
La experiencia de Villa María parece dialogar con esa idea. La inteligencia artificial no solo registra imágenes: clasifica conductas, detecta anomalías y colabora en la toma de decisiones operativas.
El interrogante ya no pasa únicamente por la cantidad de cámaras instaladas, sino por el modo en que se administran los datos y por los mecanismos de control democrático sobre esa información.
Seguridad y libertad
Villa María avanza hacia el paradigma de las ciudades inteligentes, donde la tecnología promete mejorar la seguridad, optimizar recursos y acelerar la respuesta ante emergencias.
Sin embargo, el desarrollo de estos sistemas también obliga a debatir sobre privacidad, protección de datos, transparencia y derechos ciudadanos.
Más de cincuenta años después de la publicación de Vigilar y castigar, las preguntas de Foucault siguen vigentes: ¿hasta qué punto una sociedad está dispuesta a ser observada para sentirse más segura? ¿Quién controla los algoritmos que comienzan a intervenir en las decisiones sobre vigilancia?
El ojo tecnológico ya forma parte del paisaje cotidiano de Villa María. El verdadero desafío será encontrar un equilibrio entre la innovación y las libertades individuales, para que la ciudad inteligente no solo sea más segura, sino también más transparente y respetuosa de los derechos de sus ciudadanos.
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