Escribe: Gustavo Billarruel
Un acto antivacunas realizado en la Cámara de Diputados presentó la adherencia de un imán al cuerpo de un hombre como si fuera una prueba científica. Especialistas y verificadores desmintieron esa afirmación y explicaron que se trataba de un fenómeno físico común, sin vínculo con las vacunas.
En la Cámara de Diputados se desarrolló un acto impulsado por sectores antivacunas que intentó vincular la vacunación contra el COVID-19 con un supuesto efecto de magnetización. La escena, ocurrida el 28 de noviembre de 2025, generó debate y preocupación en ámbitos sanitarios y científicos por el modo en que se presentó una demostración carente de sustento.
Durante el encuentro, un hombre apareció sin remera y permitió que se colocara un imán sobre su torso. Quienes organizaron el acto sostuvieron que esa adhesión sería resultado de la vacuna. La afirmación se expuso como si fuera una prueba directa, aunque no contó con base técnica ni evidencia verificable.
Especialistas y equipos de verificación señalaron que el fenómeno observado puede explicarse por propiedades habituales de la piel, como la humedad y la grasa natural. Esas condiciones producen una adhesión superficial capaz de sostener objetos livianos por unos segundos. El efecto desaparece al secar la piel o aplicar talco y ocurre tanto en personas vacunadas como en personas no vacunadas.
La composición de las vacunas también descarta cualquier posibilidad de magnetización. Ninguna de las fórmulas utilizadas contra el COVID-19 incluye metales con capacidad de generar un efecto magnético. Algunos adyuvantes emplean compuestos como aluminio, pero no poseen propiedades magnéticas y se aplican en dosis seguras aprobadas por autoridades sanitarias.
Más allá de la explicación técnica, el episodio expone una estrategia que mezcla impacto visual y afirmaciones infundadas para instalar dudas sobre herramientas de salud pública que cuentan con evidencia sólida. Esta clase de actos introduce confusión y dificulta el acceso de la comunidad a información confiable.
Para quienes trabajan en la promoción de la vacunación, estos episodios debilitan la comunicación sanitaria y profundizan la desconfianza en prácticas que demostraron su eficacia. En un contexto donde las decisiones colectivas requieren datos precisos, la reproducción de mitos sin sustento se convierte en un problema que excede lo anecdótico.
La comunidad científica mantiene una posición clara: no existe relación entre las vacunas contra el COVID-19 y un supuesto magnetismo corporal. Frente a demostraciones llamativas y afirmaciones extraordinarias, el llamado es a consultar fuentes verificadas y recurrir a especialistas.
El debate público se fortalece cuando la evidencia prevalece sobre el espectáculo. La salud colectiva y la comunicación responsable exigen ese compromiso.

