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Peronismo cordobés: entre la gestión y la proyección nacional

Escribe: Eva Pathenay

El peronismo de Córdoba atraviesa una etapa de reconfiguración silenciosa pero evidente. Bajo la conducción del gobernador Martín Llaryora, el oficialismo provincial apuesta a consolidar un modelo de gestión que prioriza orden fiscal, obra pública y autonomía política respecto del escenario nacional.

Sin embargo, ese esquema empieza a mostrar fisuras —o al menos matices— frente al movimiento de la diputada Natalia de la Sota, quien decidió salir a recorrer el país con una agenda propia, reactivando el capital político heredado de su apellido y buscando posicionarse más allá de los límites cordobeses.

LLARYORA: GESTIÓN, CONTROL Y PRAGMATISMO

El llaryorismo se construye sobre una lógica clara: gobernabilidad antes que épica. La prioridad es sostener un modelo provincial que ha logrado estabilidad política durante más de dos décadas, heredero del cordobesismo que supo consolidar José Manuel de la Sota y profundizar Juan Schiaretti.

En ese marco, Llaryora evita confrontaciones innecesarias con Nación, pero tampoco se alinea. Administra tensiones, negocia recursos y busca mostrarse como un gestor eficiente en un contexto económico adverso.

El problema de este esquema es su límite político: la gestión ordena, pero no enamora. Y en un escenario nacional en crisis, la falta de un relato más ambicioso puede transformarse en debilidad.

DE LA SOTA: IDENTIDAD, MEMORIA Y PROYECCIÓN

En paralelo, Natalia de la Sota activa otra lógica. Su salida a recorrer distintas provincias no es casual: intenta reconstruir un peronismo con identidad, con anclaje federal y con una narrativa más política que administrativa.

No es solo una diputada en movimiento. Es, también, la reaparición simbólica de un apellido con peso propio en la historia del peronismo cordobés.

Su desafío es doble: diferenciarse sin romper y construir volumen político sin estructura territorial propia. Un equilibrio delicado que, por ahora, se sostiene más en la potencia simbólica que en la capacidad real de armado.

Lo que hoy aparece como una convivencia puede convertirse, con el correr de los meses, en una disputa más explícita.

¿Representa Llaryora la continuidad del cordobesismo pragmático mientras De la Sota encarna una búsqueda de renovación política?

Por ahora, el oficialismo evita hablar de internas. Pero los movimientos existen, y en política los gestos pesan tanto como las decisiones.

UN PERONISMO SIN CONDUCCIÓN NACIONAL

El trasfondo de esta tensión es más profundo: la ausencia de una conducción clara en el peronismo a nivel nacional. En ese vacío, los liderazgos provinciales ganan protagonismo, pero también quedan expuestos.

Córdoba no es la excepción. Entre la gestión que ordena y la política que interpela, el peronismo local busca su lugar en un escenario incierto.

Y en esa búsqueda, la convivencia entre Llaryora y De la Sota será una de las claves para entender no solo el futuro del espacio en la provincia, sino también su eventual proyección nacional.

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