Escribe: Luis Cecchini
Es claro que en los últimos años, Cristina Fernández de Kirchner y Javier Milei dominan el campo político y son los principales generadores de sentido, a través de sus diacuesos o declaraciones públicas.
Más allá de sus profundas diferencias ideológicas, ¿son tan diferentes? Ambos comparten una lógica central: hablan construyendo un adversario.
Esto se explica desde la perspectiva del semiólogo argentino Elíseo Verón en su paradigmático texto La palabra adversativa, fundamental para comprender cómo funciona la enunciación política.
La política como conflicto permanente
Para Verón, ningún discurso político es neutro. Siempre se organiza a partir de una oposición: un “nosotros” que se afirma, un “ellos” que se rechaza y un tercer público que se intenta convencer.
Cada palabra, énfasis, citas elegidas y omisiones cumplen una función central en esa disputa de sentidos.
Cristina: desarmar el relato oficial
En la mayoría de sus discursos, Cristina Fernández de Kirchner apunta de manera directa contra el corazón del mensaje del gobierno libertario: la economía.
En una de sus intervenciones públicas más citadas, CFK cuestionó el supuesto orden fiscal del Ejecutivo al afirmar:
“No hay superávit cuando dejás de pagar obligaciones y ajustás sobre los jubilados y los trabajadores.”
Desde la lógica de Verón, esta frase no solo refuta un dato económico: construye un contradestinatario claro —el Gobierno— y, al mismo tiempo, refuerza un “nosotros” asociado a la defensa del Estado y del consumo interno.
Cristina no se presenta solo como crítica, sino como voz autorizada frente a un relato que considera engañoso.
En otro tramo, profundizó esa frontera discursiva al advertir:
«Este modelo ya lo vivimos y terminó mal.”
La frase funciona como advertencia y memoria política, un recurso clásico de la palabra adversativa.
Milei: ruptura y confrontación
Javier Milei, en cambio, estructura sus discursos desde una confrontación más radical. Su adversario no es solo la oposición actual, sino todo un sistema político previo. En reiteradas ocasiones sostuvo:
“El problema de la Argentina es el modelo socialista que empobreció al país durante décadas.”
Aquí, según Verón, el contradestinatario se amplía: no es una persona o partido, sino una tradición política completa. El “nosotros” se define como los que vienen a romper con ese pasado.
En otro discurso, Milei reforzó esa identidad al afirmar:
“No venimos a administrar la decadencia, venimos a terminar con ella.”
La frase cumple una doble función: legitima el ajuste como sacrificio necesario y consolida una épica de transformación, con fuerte carga emocional para sus seguidores.
Dos estilos, una misma matriz discursiva
Cristina y Milei hablan distinto, pero operan sobre una misma lógica discursiva:
Construyen enemigos reconocibles.
Delimitan un campo propio de pertenencia.
Anticipan y refutan el discurso del otro dentro de su propio mensaje.
Mientras Cristina discute cifras y consecuencias sociales, Milei discute ideas y sistemas. Pero ambos entienden que la política se juega tanto en la economía como en el lenguaje.
Clave para leer el debate actual
Analizar a Milei y a Cristina, desde la mirada de Elíseo Verón permite mirar más allá de las frases virales o los cruces mediáticos.
Sus construcciones discursivas, más que convencer, ambos discursos buscan algo más profundo: consolidar un “nosotros” frente a un “ellos” claramente definido.
En la Argentina actual, los discursos de Cristina y Milei no solo expresan proyectos opuestos: organizan la confrontación política, definen identidades y moldean la manera en que la sociedad interpreta la realidad.

