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Argentina también sabe ganar así

Por Gustavo Billarruel

Argentina no jugó su mejor partido, pero volvió a demostrar que los grandes equipos también saben ganar cuando el fútbol no fluye. Con personalidad, carácter y la convicción de un grupo que nunca deja de creer, la Selección de Lionel Scaloni derrotó 3 a 1 a Suiza y se metió entre los cuatro mejores del Mundial.

Alexis Mac Allister abrió el marcador de cabeza en el comienzo del encuentro, pero Dan Ndoye igualó para Suiza en el segundo tiempo y llevó la incertidumbre al partido. La historia recién se resolvió en el alargue, cuando el cordobés Julián Álvarez, nacido en Calchín, sacó un remate inolvidable para volver a poner a la Argentina en ventaja. Ya sobre el final, con el conjunto suizo lanzado al ataque, Lautaro Martínez selló el 3 a 1 definitivo.

Más allá del resultado, esta Selección volvió a dejar un mensaje que trasciende los noventa minutos. No necesita jugar siempre de la misma manera para sostener una identidad. Aprendió a adaptarse, a resistir cuando el rival la incomoda y a encontrar respuestas en la fuerza del grupo. Esa es la evolución más importante del ciclo de Lionel Scaloni: construir un equipo en el que todos están preparados para asumir la responsabilidad cuando el partido lo exige. Si un día aparece Mac Allister, otro lo hace Julián Álvarez y, cuando hace falta, Lautaro Martínez termina de resolver la historia. La confianza ya no depende de una sola figura, sino de un plantel que entiende que el objetivo siempre está por encima de los nombres propios.

Esa manera de competir también se reflejó en un momento decisivo del encuentro. Con el partido todavía abierto, el árbitro sancionó una supuesta infracción de Leandro Paredes sobre Breel Embolo y le mostró la tarjeta amarilla al mediocampista argentino. Sin embargo, el VAR advirtió un posible error y lo convocó a revisar la acción. Tras observar las imágenes, el juez corrigió su decisión: anuló la amonestación a Paredes y sancionó con amarilla a Embolo por simular la falta. Como el delantero suizo ya estaba amonestado, fue expulsado y dejó a su equipo con un jugador menos en un tramo determinante del partido. La tecnología no ganó el encuentro, pero permitió corregir una decisión que modificó el desarrollo de un duelo extremadamente parejo.

Ahora el desafío será Inglaterra. Un rival de enorme jerarquía y una semifinal que, por la historia compartida entre ambos países, siempre tendrá un significado especial para los argentinos. Además, con esta clasificación, la Selección ya tiene asegurados los ocho partidos que contempla por primera vez el nuevo formato de la Copa del Mundo. Pase lo que pase, volverá a jugar hasta el último fin de semana del torneo.

Este equipo hace tiempo dejó de necesitar explicaciones. Su mayor fortaleza no pasa por depender de un futbolista capaz de resolverlo todo, sino por haber construido una identidad colectiva que permanece firme incluso en los momentos más difíciles. Esa es la obra de Scaloni y de un grupo que entendió que la resiliencia no consiste en no caer, sino en encontrar siempre la manera de volver a levantarse. Y esa, hasta ahora, sigue siendo la mayor fortaleza de una Selección que nunca deja de creer.

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