Escribe: Gustavo Billarruel
Para mí, esta entrevista tiene un significado especial. Fabiana León fue una de las docentes que marcaron mi formación. En el aula me enseñó a mirar la comunicación con profundidad, a valorar la palabra y a comprender que comunicar no es solo informar, sino también construir sentido. Ese aprendizaje, que aún hoy me acompaña en el ejercicio del periodismo, vuelve ahora en forma de diálogo.
En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, conversar con Fabiana León es asomarse a una trayectoria atravesada por la docencia, la escritura y una mirada atenta sobre la vida cotidiana. Pero también es acercarse a una mujer que piensa el mundo desde la experiencia, la palabra y los vínculos humanos.
— En el marco del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, me gustaría empezar por lo esencial. ¿Quién es hoy Fabiana León? ¿Cómo te presentás ante quienes quizás te leen o te escuchan por primera vez?
“Lo primero que pienso es que soy una mujer trabajadora que ha batallado sus años productivos con múltiples empleos y que hoy se siente en plenitud. Fui construyendo una paz interior que me acompaña en los últimos años, y eso no tiene precio. Me siento querida y respetada por la familia, por los amigos y por ex alumnos. Lo más valioso de la vida es lo que uno ha cosechado a partir de las vivencias. En ese sentido, me siento muy bien como madre, abuela, amiga y escritora. El capital humano es el único que tengo”.
Cuando habla de su recorrido, la docencia aparece de inmediato como un territorio central, no solo como profesión sino como una experiencia profundamente humana.
— Como mujer, como docente durante tantos años y ahora también como escritora, ¿qué aprendizajes sentís que te dejó el camino recorrido? ¿Hubo momentos en los que tuviste que ser especialmente fuerte o valiente?
“La docencia ha sido una experiencia maravillosa, profundamente humanizante. Aprender a mirar y a escuchar es, tal vez, lo más importante que me dejó esa trayectoria en las aulas. Siempre digo que extraño mucho ese clima de juventud y de inquietud que transmiten los y las estudiantes, incluso en el uso del lenguaje. También fue muy valioso compartir luchas sindicales con compañeros comprometidos, esa construcción de comunidad y la idea de que nadie se salva solo”.
“En las aulas, el mayor desafío ha sido ayudar a construir sentido, acercar la complejidad del mundo, esos hilos invisibles que explican la pobreza, la desigualdad y las injusticias. Son los mismos temas que me inquietan como poeta y escritora. Y para las mujeres madres, conjugar el trabajo y la maternidad es, por lejos, la batalla más dura”.
Cada vez que habla del aula vuelve una idea: la palabra como herramienta para pensar el mundo.
— La docencia marcó una etapa muy profunda en tu vida. ¿Qué huellas te dejó el aula en lo humano? ¿Qué de esa experiencia sigue latiendo hoy en tu manera de escribir y de mirar el mundo?
“La certeza de pensar el aula como un espacio político donde la palabra circula y debe ser herramienta de conocimiento y de construcción del sentido crítico. Ayudar a pensar, disfrutar junto a los estudiantes de la belleza, del descubrimiento, incluso de la tecnología. Cuestionar la vida en sus temas esenciales”.
“El mundo se mira de acuerdo con la propia ideología y, en ese sentido, docencia y escritura han sido y son para mí prácticas situadas, desde la propia subjetividad, desde quien una es. La poesía no puede no ser verdadera: no lo resiste, porque es resistencia”.
La conversación deriva entonces hacia otro tema inevitable: los desafíos que muchas mujeres enfrentan al intentar sostener una vida profesional y creativa junto a las exigencias cotidianas.
— Mirando tu generación, ¿sentís que ser mujer implicó desafíos particulares a la hora de desarrollarte profesional y creativamente? ¿Qué aspectos creés que han cambiado y qué transformaciones considerás que todavía están pendientes?
“Maternar y trabajar es una experiencia dolorosa, ardua, muchas veces culposa. Por suerte hay cambios y hoy se habla de paternar, aunque la carga mental de la mujer sigue siendo enorme. Ya no se piensa que el padre ayuda, sino que cría, como debe ser. Y cuando una mujer accede a cargos de mayor jerarquía suele sumar nuevas presiones, a las que se agrega el mandato de mantenernos bellas y jóvenes”.
“En cuanto a la escritura, siempre la mantuve en los márgenes, en el escaso tiempo libre, en los bordes de las obligaciones. Pero, afortunadamente, nunca dejé de escribir. Fue y es mi insistencia, mi resistencia, mi forma de existir”.
Esa persistencia terminó tomando forma concreta en su primer libro de narrativa.
— El año pasado publicaste tu primer libro, “Ventanas”, una obra pensada originalmente para radio. ¿Cómo nació ese proyecto? ¿De qué manera dialoga con tu propia voz como mujer y como creadora?
“Ventanas nació a partir de una invitación de mi amiga y locutora Gladys Capdevilla, que trabajaba en la FM de Radio Universidad de Córdoba. Fuimos compañeras de facultad y nos reencontramos en las redes.
Ella me pidió una colaboración de unos dos minutos para su programa matutino. Así surgieron estos textos breves donde abordo un tema cotidiano o histórico y, al final, incluyo una cita literaria de algún libro que me haya gustado mucho”.
“Por eso el libro también puede leerse como una cartografía de lectora, como digo en la introducción”.
— Para quienes deseen acercarse a “Ventanas”, ¿dónde pueden conseguir el libro?
“Está en librerías de Córdoba, como El Espejo, y aquí en la ciudad también pueden contactarme directamente a través de Instagram o Facebook”.
En una fecha tan significativa como el Día Internacional de la Mujer, la reflexión final vuelve sobre los desafíos que aún persisten.
— En una fecha como el 8 de marzo, ¿qué mensaje te gustaría compartir con otras mujeres que están comenzando un camino, reinventándose o animándose a cumplir un sueño postergado?
“Dar lugar al deseo es algo que no siempre se permite a las mujeres, y si además están empobrecidas, ni hablar. Rita Segato dice que las mujeres estamos en estado de sospecha permanente. Y los femicidios siguen sucediendo como si la vida no valiera absolutamente nada”.
“La lucha por la igualdad continúa: por salarios iguales ante la misma responsabilidad, por decidir si maternar o no, algo que todavía se mira mal en muchos sectores, como si la maternidad fuera obligatoria solo porque lo habilita la biología”.
“Con respecto a los sueños y proyectos, creo que es importante pensar que la vida es movimiento permanente, cambio constante. Si hoy no podemos, lo haremos mañana”.
En sus palabras aparece una vida atravesada por la enseñanza, la reflexión y la escritura. Una trayectoria en la que la palabra fue siempre una herramienta para pensar el mundo y construir sentido colectivo, y donde la poesía —como ella misma dice— sigue siendo una forma profunda de resistencia.
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