Por Gustavo Billarruel
La de hoy no será una noche más en el Anfiteatro Municipal de Villa María. El escenario Hernán Figueroa Reyes, cargado de historia y de nombres que dejaron huella en el Festival Internacional de Peñas, recibirá a una artista de la ciudad que llega con preparación, convicción y una emoción serena, sin estridencias.
Melanie Álvarez tiene 22 años. Habla con calma, con una dulzura firme. Pero cuando menciona la música, algo en su tono cambia y se vuelve más luminoso.
—¿Quién es hoy Melanie Álvarez y qué significa la música en tu vida?
—Soy una persona con discapacidad visual que descubrió la música a los 7 años. Desde entonces nació una conexión muy especial con la guitarra, el piano y, sobre todo, el canto. La música me salvó de momentos de oscuridad, de timidez, de inseguridad. Fue mi forma de expresarme.
No lo dice como una frase hecha. Lo dice con la naturalidad de quien encontró en el arte un sostén y un camino.
Subir al Hernán Figueroa Reyes no es un dato más en su recorrido. Es un símbolo.
—¿Qué representa para vos esta oportunidad?
—Es una felicidad completa. Es un festival lleno de historia, con grandes artistas que pisaron este escenario. Es un honor. Yo estuve en la edición 2019, pero esta propuesta fue inesperada.
Después de cantar en los 60 años de la escuela Clotilde Sabattini, donde me formé, el intendente me anunció que iba a ser parte del Festival. Fue muy emotivo. Todavía estoy que no lo creo. Que me apoyen los villamarienses en mis primeros pasos me genera una alegría inmensa.
La gratitud atraviesa cada respuesta. Su camino comenzó a tomar forma a los 13 años, cuando decidió dedicarse de lleno al canto.
Su mamá la acompañó a su primera clase en la academia de Pablo Cordero. Allí entendió que interpretar no es solo una cuestión técnica, sino la capacidad de transmitir lo que se siente.
—¿Cuál fue el mayor desafío en ese proceso?
—Aceptar mi voz. Grabándome, escuchándome, analizando mis progresos. Durante mucho tiempo me costó escucharme y aceptarme como suena mi voz. Hoy estoy muy satisfecha con los resultados.
Habla desde el trabajo constante y el crecimiento personal.
Actualmente cursa los últimos años del profesorado en el Conservatorio Superior de Música Felipe Boero.
—¿Cómo influye esa formación en tu manera de interpretar?
—Me ayuda a ser consciente de la técnica y de lo que quiero transmitir. La práctica coral, por ejemplo, me enseñó a trabajar en equipo, a ir todos para el mismo lado cuando cantamos. Eso me dio muchas herramientas como cantante.
En su recorrido, enseñar y cantar no son caminos separados. Son parte de una misma vocación.
Cuando piensa en la noche del 6 de febrero no se detiene en los nervios. Habla de energía compartida.
—¿Qué emoción querés despertar en el público?
—Va a ser un recuerdo para guardar en el corazón. Más que nervios voy a sentir adrenalina, felicidad y ganas de compartir. Quiero que la gente esté enérgica, eufórica como yo. El folclore me hace sentir parte de la historia. Ojalá lo disfruten tanto como yo y me acompañen cantando.
Hay una canción que hoy la representa especialmente.
—¿Cuál sentís que te define en este momento?
—“Entré a mi pago sin golpear”. Habla de la amistad verdadera, de los que están siempre. Quiero que mi pueblo la cante conmigo.
El 6 de febrero no subirá solo una joven artista al escenario mayor de la ciudad. Subirá una villamariense que encontró en la música su voz, su vocación y una manera auténtica de habitar el mundo. El resto lo dirá la noche.


