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Discapacidad: “Antes se pensaba que el problema estaba en la persona. Hoy entendemos que son las barreras”

Por Gustavo Billarruel

Educación Especial, discapacidad visual, autonomía y derechos: una conversación sobre acompañamiento, aprendizaje y participación.

Cada 9 de agosto, Argentina conmemora el Día Nacional de la Educación Especial. En este marco, desde El Mensajero VM conversé con Micaela Fernández, profesora de Educación Especial especializada en discapacidad visual, sobre su recorrido profesional, el modelo social de la discapacidad, la autonomía, las tecnologías y los desafíos que todavía tenemos por delante.

Oriunda de Arroyo Cabral, Micaela desarrolla su trabajo en el Centro de Acompañamiento para Personas con Discapacidad Visual “Enrique Elissalde”, en la Escuela Especial Clotilde Sabattini y acompañando a niños y niñas con discapacidad visual en sus respectivas escuelas.

Con Micaela compartimos muchos años de trabajo cotidiano. Por eso, esta entrevista tiene para mí un significado especial: es la posibilidad de conversar con una compañera y, al mismo tiempo, con una profesional comprometida con la educación, la autonomía y los derechos de las personas con discapacidad visual.

“Siempre me interesó trabajar con personas y acompañar procesos de aprendizaje”

Para comenzar, quién es Micaela Fernández? ¿Cómo fue tu recorrido hasta llegar a la Educación Especial y a especializarte en discapacidad visual?

Hola. Soy Micaela, tengo 37 años, soy mamá de dos hijos y oriunda de Arroyo Cabral.

Cuando estaba en sexto año del secundario realicé un test de orientación vocacional y me identifiqué con el área de Educación Especial, porque me interesa trabajar con personas, acompañar procesos de aprendizaje y aportar desde la inclusión.

La especificidad en discapacidad visual se debe a mi prima, que era una persona ciega. A través de ella conocí el Braille, el bastón blanco y otras herramientas. Eso me generó mucha curiosidad y ganas de aprender para poder acompañar y aportar desde lo profesional.

Hay historias que, con el paso del tiempo, terminan formando parte de nuestras propias elecciones. En tu caso, aquella experiencia cercana con tu prima, que ya falleció, fue también el primer acercamiento a herramientas y conocimientos que después se transformarían en una elección profesional.

Trabajás en el Centro de Acompañamiento para Personas con Discapacidad Visual “Enrique Elissalde”, en la Escuela Especial Clotilde Sabattini y también acompañás a niños y niñas con discapacidad visual en sus escuelas. ¿Cómo es ese trabajo cotidiano y qué significa para vos acompañar sus trayectorias educativas?

Mi trabajo cotidiano es muy diverso. En el Centro “Enrique Elissalde” trabajo con jóvenes y adultos con discapacidad visual, brindando herramientas de autonomía, orientación y movilidad a través de diferentes talleres.

En la Escuela Especial Clotilde Sabattini acompaño trayectorias educativas de estudiantes de nivel inicial, realizando un trabajo colaborativo con docentes, directivos y familias para garantizar la inclusión, brindando herramientas para que puedan acceder al aprendizaje y derribando barreras.

Significa poder ser parte de que otra persona gane autonomía, que pueda trasladarse sola y aprender. Es ver que, con las herramientas correctas, se pueden abrir puertas para poder elegir y ser independiente.

Acompañar es creer en el otro y darle la oportunidad de demostrar de qué es capaz.

Y esa idea atraviesa buena parte de nuestro trabajo cotidiano: acompañar no significa hacer por el otro, sino generar las condiciones y brindar las herramientas para que pueda construir su propio camino.

A lo largo del tiempo fueron cambiando las formas de comprender y nombrar la discapacidad. Desde tu experiencia profesional, ¿Qué transformaciones consideras más importantes en la manera de abordar actualmente la discapacidad visual y la Educación Especial desde una perspectiva de derechos?

A lo largo del tiempo hubo un cambio de paradigma muy grande. Hoy, desde una perspectiva de derechos, hablamos de “persona con discapacidad”: primero es persona. Nombrarla así ya la ubica como sujeto de derecho.

Antes se pensaba que el problema estaba en la persona. Hoy entendemos que son las barreras: físicas, actitudinales, de comunicación. Si un texto no está en Braille o macrotipo, la barrera la pone la sociedad, no la persona con discapacidad visual. Nuestro trabajo es derribar esas barreras.

En las escuelas, el estudiante tiene el derecho a estar, a participar y a aprender con sus pares.

Hoy el objetivo es dar herramientas para la autonomía, para que la persona pueda elegir, decidir y ser independiente.

Esta definición marca un cambio fundamental: la mirada deja de estar puesta exclusivamente en la persona y empieza a interrogar también las condiciones del entorno. Y ahí aparece una responsabilidad colectiva: identificar las barreras, transformarlas y generar condiciones de participación.

La tecnología se convirtió en una herramienta fundamental para muchas personas con discapacidad visual. ¿Qué lugar ocupa en tu trabajo y de qué manera puede favorecer el aprendizaje, la comunicación, la participación y una mayor autonomía?

La tecnología hoy ocupa un lugar muy importante. Es una herramienta más para garantizar el derecho a la educación y a la autonomía. No reemplaza el Braille y el bastón, sino que los complementa.

El uso de lectores de pantalla permite acceder a textos y plataformas que antes eran inaccesibles.

Con el celular hoy podés mandar audios, escribir con el teclado en pantalla y leer las respuestas con el lector. Eso claramente rompió el aislamiento. También permite utilizar billeteras virtuales, GPS y redes sociales.

La tecnología puede favorecer la autonomía y equiparar oportunidades cuando es accesible.

Y en este punto aparece también un desafío que conocemos de cerca: no alcanza con que una tecnología exista. Tiene que ser accesible para que pueda convertirse realmente en una herramienta de autonomía, comunicación y participación.

En el acompañamiento de una persona con discapacidad visual participan diferentes actores: la propia persona, su familia, docentes, profesionales y equipos de trabajo. ¿Cómo se construye ese trabajo interdisciplinario y qué importancia tiene que todos puedan escucharse y trabajar de manera articulada?

Se construye desde la comunicación y desde un objetivo común: que esa persona pueda ejercer su derecho a la educación, a la autonomía y a la participación.

En el caso de un adulto, la persona con discapacidad visual es quien mejor sabe qué necesita; la familia aporta la historia y el día a día, y los profesionales, sus saberes y experiencias.

Escucharnos y trabajar de manera articulada es fundamental. Sabemos que no siempre es fácil de lograr. A veces aparecen resistencias: de la escuela, por falta de recursos o de formación; o de la familia, por miedo, sobreprotección o desconocimiento.

Ahí es donde nuestro rol toma más fuerza: acompañar, informar, mostrar resultados pequeños para generar confianza y buscar acuerdos.

Y acá aparece algo que considero fundamental: escuchar a la propia persona. Ningún equipo puede construir una trayectoria respetando derechos si toma decisiones sin tener en cuenta su voz, sus preferencias y sus decisiones.

En tu experiencia con niños, niñas, jóvenes y adultos, ¿Qué estrategias, técnicas y herramientas específicas utilizás para acompañar sus procesos de aprendizaje y fortalecer su autonomía, teniendo en cuenta que cada persona tiene necesidades, experiencias y tiempos diferentes?

En mi experiencia acompañando a personas de diferentes edades, entendí que no hay una única receta. Cada persona llega con su historia, sus tiempos y su forma de aprender.

Es por eso que utilizo diferentes estrategias: ofrecer varias formas de presentar la información; por ejemplo, si es visual, también puede ser auditiva o táctil.

Realizo ajustes razonables, como brindar más tiempo para realizar una actividad, usar la tecnología o vincular el aprendizaje con sus intereses para generar motivación y sentido.

Acompaño al inicio, presentando un modelo para luego ir retirando el apoyo, para que pueda hacerlo de manera independiente.

Trabajo con agendas visuales, apoyos o pictogramas para generar organización y anticipación.

El uso de materiales concretos y objetos reales siempre es favorecedor.

Y ahí vuelve a aparecer una idea central: acompañar implica observar, escuchar y adaptar las herramientas a cada persona, sus experiencias y sus tiempos, sin perder de vista el objetivo principal: fortalecer la autonomía.

Pensando en los desafíos del presente y en los que vienen, ¿Qué consideras que todavía falta transformar o modificar en la Educación Especial y en el acompañamiento de las personas con discapacidad visual para avanzar plenamente hacia este nuevo paradigma y garantizar sus derechos, su autonomía y su participación en la comunidad?

Considero que avanzamos mucho, pero todavía tenemos grandes desafíos por transformar.

Con respecto a las escuelas, necesitamos formación docente real y un currículum accesible desde el diseño.

En la comunidad, necesitamos accesibilidad universal real, haciendo cumplir las leyes, e inserción laboral con apoyos.

Y lo más importante: el protagonismo de las personas con discapacidad. Dejar de verlas como receptoras de ayuda para que se posicionen como agentes de cambio.

La inclusión no es un favor, es un derecho.

 

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