Escribe: Eva Pathenay
Con más de 150 intendencias, el radicalismo sostiene su poder territorial en el interior mientras busca reorganizar la oposición y contener la cooptación del oficialismo.
A más de dos décadas de haber cedido el Poder Ejecutivo provincial en 1999, la Unión Cívica Radical de Córdoba mantiene su principal fortaleza estratégica en el territorio. El radicalismo administra aproximadamente 150 municipios y comunas, abarcando desde centros urbanos clave del entramado productivo agrícola-industrial hasta pequeñas comunidades de las sierras y el llano cordobés.
A través del Foro de Intendentes Radicales de Córdoba, los mandatarios locales operan como el verdadero pulmón orgánico de la fuerza. Este espacio institucional no solo coordina agendas de gestión local, sino que funciona como el principal negociador presupuestario frente al Centro Cívico en materia de coparticipación, obras de infraestructura y fondos de salud.
Renovación de cúpula y reconfiguración interna
El mapa dirigencial del partido dio un paso decisivo hacia la reestructuración con la asunción de Marcos Ferrer al frente del Comité Central de la UCR provincia. El intendente de Río Tercero y referente de Evolución Radical encabeza una conducción de consenso destinada a evitar los tradicionales desgastes de las elecciones internas.
Junto a la figura del diputado nacional Rodrigo de Loredo —quien preside la bancada radical en la Cámara de Diputados de la Nación—, la línea interna promueve una impronta técnica, urbana y focalizada en la gestión. Sin embargo, este esquema debe convivir permanentemente con sectores tradicionales como Confluencia, liderado por el exintendente de la capital Ramón Javier Mestre, y los reclamos de mayor protagonismo de los departamentos del interior.
El avance del «partido cordobés» y la presión de la cooptación
Uno de los principales desafíos estratégicos que enfrenta la UCR es la política de transversalidad implementada por el gobernador Martín Llaryora. Bajo el paraguas de Hacemos Unidos por Córdoba, la gestión provincial continúa sumando dirigentes de extracción radical a sus filas (con la vicegobernación de Myrian Prunotto como antecedente de mayor peso), en una maniobra orientada a erosionar la estructura opositora.
Esta fuga de cuadros y la integración de segundas líneas al esquema del «partido cordobés» obligaron a las autoridades del Comité Provincia a ajustar los mecanismos de disciplina partidaria y reforzar la identidad del espacio para amortiguar el impacto del oficialismo.
El dilema nacional: posicionamiento legislativo y alianzas locales
El escenario político nacional añade una capa de complejidad a la UCR cordobesa. Históricamente alineada con el voto antikirchnerista de la provincia, la dirigencia radical se encuentra cruzada por dos posturas frente al gobierno de La Libertad Avanza:
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El bloque de la gobernabilidad: Sectores alineados con las bancadas legislativas que acompañan reformas económicas del Poder Ejecutivo Nacional para no alienar a las bases electorales provinciales.
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El perfil institucional autónomo: Sectores que exigen priorizar las banderas históricas de la UCR, cuestionando los recortes a las universidades públicas, los fondos para las cajas previsionales de la provincia y la paralización de la obra pública federal.
A nivel provincial, la UCR busca mantener el dinamismo de los bloques opositores en la Unicameral e instrumentar alianzas tácticamente competitivas para posicionarse de cara al próximo ciclo de comicios para la gobernación.
La encrucijada del gigante dormido
Entre el «partido cordobés» que engorda cooptando la boina blanca y la ola libertaria que tienta a su propio electorado, el radicalismo de Córdoba juega una partida donde la neutralidad cotiza en baja. Con el territorio asegurado en el interior pero con la capital siempre esquiva para la gobernación, la pregunta quema en los pasillos de la Casa Radical: ¿alcanzará el músculo de los intendentes para construir un proyecto con vocación de poder real, o la UCR quedará reducida a una calavera sindicalizada que administra municipios mientras otros deciden el destino de la provincia? El reloj corre, los alfiles se mueven y en Córdoba, el que no arriesga, se lo llevan puesto.
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