La tarde del 13 de marzo de 2013 quedó grabada para siempre en la historia de la Argentina y de la Iglesia Católica. Miles de personas miraban al cielo sobre la Capilla Sixtina cuando, finalmente, apareció el humo blanco.
La señal más esperada por los fieles indicaba que los cardenales reunidos en cónclave habían llegado a un acuerdo: había un nuevo Papa.
Minutos después, el mundo escuchó una frase que atraviesa siglos de tradición: “Habemus Papam”.
Pero lo que nadie imaginaba era el nombre que se anunciaría desde el balcón de la Basílica de San Pedro.
El elegido era el cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, quien desde ese momento pasaría a la historia como Francisco, el primer Papa argentino y latinoamericano.
La elección se produjo tras varias votaciones dentro de la Capilla Sixtina, donde participaron 115 cardenales electores que debían alcanzar una mayoría de dos tercios para designar al nuevo pontífice.
El proceso comenzó luego de la histórica renuncia de Benedicto XVI, un hecho poco frecuente en la Iglesia moderna. Durante las primeras votaciones no hubo consenso, lo que se reflejó en las tradicionales fumatas negras.
Finalmente, en la tarde del 13 de marzo, la chimenea del Vaticano emitió el esperado humo blanco, acompañado por el repique de campanas que confirmó al mundo que había sido elegido el Papa número 266 de la Iglesia Católica.
La Plaza San Pedro estalló en aplausos. Más de doscientas mil personas aguardaban el anuncio mientras miles de periodistas transmitían en vivo para todo el planeta.
Cuando Bergoglio apareció en el balcón del Vaticano, lo hizo con un gesto simple que marcaría su estilo. Antes de dar su bendición, se inclinó ante la multitud y pidió que rezaran por él.
Luego pronunció una frase que quedaría para siempre en la memoria colectiva: “Ustedes saben que el deber del cónclave era darle un obispo a Roma… parece que mis hermanos cardenales fueron a buscarlo casi al fin del mundo”.
La expresión, que aludía a su origen argentino, recorrió el planeta en cuestión de minutos.
La elección de Francisco marcó varios hitos históricos dentro del Vaticano. Fue el primer Papa nacido en América, el primero del hemisferio sur y también el primer pontífice perteneciente a la orden de los jesuitas.
Su nombre también fue una señal de cambio. Eligió llamarse Francisco en honor a San Francisco de Asís, símbolo de humildad, austeridad y compromiso con los pobres.
Desde el comienzo de su pontificado impulsó una Iglesia más cercana a los sectores vulnerables, con un fuerte discurso social y una mirada crítica hacia la desigualdad y la exclusión.
La noticia generó una conmoción inmediata en la Argentina. Las campanas de numerosas iglesias repicaron en señal de celebración, mientras miles de personas se congregaban frente a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, donde Bergoglio había ejercido como arzobispo durante años.
En cuestión de horas, el país se convertía en protagonista de un hecho sin precedentes en la historia del Vaticano.
Aquel 13 de marzo no fue solo la elección de un nuevo líder religioso. También marcó una nueva etapa en la Iglesia Católica, con un Papa surgido de América Latina y con un mensaje orientado hacia los márgenes del mundo.
Un acontecimiento que, más de una década después, sigue siendo recordado como uno de los momentos más significativos de la historia reciente de la Iglesia y un orgullo imborrable para la Argentina.
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