El Mensajero
Sociedad

La ONU y el desafío de sostener la paz en un mundo herido

Cada 24 de octubre se recuerda la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), una institución que nació del dolor más profundo que dejó la Segunda Guerra Mundial. Ese día de 1945 entró en vigencia la Carta de las Naciones Unidas, un documento que marcó un compromiso global histórico: construir un orden basado en la cooperación, el diálogo y la defensa de la dignidad humana.

En aquel momento, el planeta intentaba reconstruirse tras un conflicto que dejó millones de muertos y regiones enteras devastadas. Se había comprendido que la paz no podía depender solo de tratados ocasionales ni de decisiones tomadas por unos pocos. Había que garantizar un ámbito en el que todas las naciones, grandes y pequeñas, pudieran sentarse a una misma mesa, hablarse, escucharse y trabajar juntas para evitar que la humanidad volviera a caer en el mismo abismo.

La ONU se creó para mantener la paz y la seguridad internacionales, promover los derechos humanos, apoyar el desarrollo social y económico, y brindar asistencia humanitaria cuando la vida de personas y comunidades está en riesgo. Ese espíritu sigue siendo la brújula que guía su labor en la actualidad.

Sin embargo, el contexto mundial de hoy no es sencillo. Las guerras, los desplazamientos forzados, la pobreza, la desigualdad, la discriminación y el cambio climático ponen en evidencia que el contrato moral firmado en 1945 aún está lejos de cumplirse. Es inevitable preguntarse cuánto hemos avanzado y cuántas veces hemos retrocedido como humanidad.

En tiempos donde la deshumanización avanza, donde se normaliza el sufrimiento ajeno y las grandes potencias chocan por intereses estratégicos, la ONU continúa siendo un espacio irremplazable. No siempre tiene la fuerza o el consenso necesarios para intervenir. Muchas veces queda atrapada en disputas políticas que paralizan decisiones urgentes. Pero aun con sus limitaciones, es la única institución global capaz de mediar, denunciar abusos, enviar misiones de paz, coordinar ayuda humanitaria y recordar que los derechos no pueden depender del azar de dónde nace una persona.

Para países como Argentina y para toda América Latina, la ONU representa además la posibilidad de ejercer soberanía en igualdad formal frente a otras naciones, defender causas regionales, promover acuerdos internacionales y participar de una conversación global que no debería estar dominada solo por gigantes.

Hablar de la ONU es hablar de aspiraciones que se renuevan año tras año. Es recordar que la paz no es algo garantizado, que se construye diariamente con políticas, participación y compromiso colectivo. Es preguntarnos qué lugar ocupamos como sociedad en esa construcción.

A 80 años de su creación, el aniversario del 24 de octubre es una invitación a mirar el mundo con espíritu crítico pero también con esperanza. Un recordatorio de que, aunque el panorama internacional se vuelva oscuro, siempre habrá un foro para reclamar justicia, tender puentes y exigir que la dignidad humana esté por encima de cualquier frontera.

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