Cada 14 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Diabetes en memoria del nacimiento de Frederick Banting, uno de los descubridores de la insulina. Es una fecha para visibilizar una enfermedad que sigue golpeando con fuerza. En Argentina, millones de personas conviven con la diabetes o están en riesgo y la desigualdad social se refleja también en la salud.
A nivel global el panorama es preocupante. La Federación Internacional de Diabetes estima que alrededor de 589 millones de adultos viven con esta enfermedad, lo que equivale a una de cada nueve personas. Las proyecciones indican que para 2050 la cifra podría superar los 850 millones. A esto se suma que más del cuarenta por ciento de quienes la padecen no ha recibido diagnóstico. La Organización Mundial de la Salud advierte que su prevalencia crece especialmente en países de ingresos bajos y medios.
Este aumento refleja desigualdades profundas. Cuatro de cada cinco personas con diabetes viven en contextos económicos vulnerables donde el acceso al diagnóstico, al tratamiento y a una alimentación adecuada sigue siendo limitado. La Federación Internacional de Diabetes y la Organización Panamericana de la Salud insisten en políticas públicas que fortalezcan la prevención, mejoren la detección temprana y garanticen tratamientos accesibles.
En Argentina esta realidad global adquiere un rostro propio. Se estima que más del catorce por ciento de los adultos vive con diabetes, un número que exige controles médicos constantes, tratamientos sostenidos y modificaciones en la alimentación. La carga económica, la falta de acceso a alimentos saludables y la inflación vuelven aún más difícil sostener hábitos de cuidado.
El páncreas es el órgano central de esta enfermedad. Cuando produce poca insulina o cuando el organismo no logra utilizarla correctamente los niveles de glucosa en sangre se desregulan y con el tiempo pueden afectar órganos vitales como el corazón, los riñones, los nervios y la visión.
La alimentación es uno de los pilares para prevenir complicaciones. Las recomendaciones de organismos de salud coinciden en priorizar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y proteínas magras, además de reducir el consumo de azúcares refinados y productos ultraprocesados. Los carbohidratos de absorción lenta presentes en legumbres y granos integrales ayudan a evitar picos bruscos de glucosa. Patrones alimentarios similares a la dieta mediterránea han demostrado beneficios para el control metabólico.
En Argentina estas recomendaciones chocan con obstáculos evidentes. El costo de los alimentos frescos, la dificultad para acceder a opciones saludables y el impacto de la inflación limitan las posibilidades de sostener una dieta equilibrada. La brecha social no es solo un problema de educación nutricional sino también de poder adquisitivo y de políticas públicas que conviertan estas prácticas en opciones reales.
Por eso este 14 de noviembre no debería quedar como una simple referencia en el calendario. El Día Mundial de la Diabetes funciona como una oportunidad para reclamar derechos concretos como acceso a alimentos saludables, cobertura médica adecuada, programas comunitarios de detección temprana y campañas de educación preventiva. Para quienes viven con diabetes o están en riesgo estas acciones deben convertirse en una realidad presente y accesible.

