Periodista, poeta y político, José Hernández convirtió con su obra maestra “El gaucho Martín Fierro” la voz del gaucho en símbolo nacional. En un momento de transformación para el país, defendió la tradición, la federalización y la dignidad de los desposeídos.
José Hernández fue mucho más que el autor de un poema. Fue un testigo y actor clave de la Argentina del siglo XIX, inmerso en las disputas entre provincias y ciudad de Buenos Aires, en la cultura de frontera y en la lucha por una identidad nacional que integrara al gaucho, tantas veces ignorado. Este artículo recorre su vida, su obra y su importancia para el presente.
Nacido el 10 de noviembre de 1834 en los caseríos de Perdriel, provincia de Buenos Aires, fue hijo de Rafael Hernández e Isabel de Pueyrredón. Durante su infancia, tras la muerte de su madre y por motivos de salud, se trasladó con su familia al sur provincial, al entorno rural. Allí se acercó a las costumbres del gaucho, a la vida del campo, al idioma popular y a los códigos de la pampa. Su educación formal fue breve; fue mayormente autodidacta, pero muy atento al entorno campesino, lo cual luego nutrió toda su literatura.
Hernández desarrolló una intensa actividad política y periodística. Entre 1852 y 1872, en un momento de fuertes convulsiones provinciales y nacionales, sostuvo que las provincias no debían quedar subordinadas al poder de Buenos Aires. Participó militarmente en batallas como la de Cepeda y Pavón, luchó junto a caudillos federales y por la defensa de los derechos de la gente rural. Fundó diarios como El Río de la Plata y colaboró con otros periódicos desde los cuales denunció los abusos contra los gauchos, la campaña y las provincias. Más tarde fue diputado y luego senador provincial, defendiendo la federalización de Buenos Aires y la autonomía provincial.
En 1872 apareció la primera parte de su poema épico “El gaucho Martín Fierro”, y en 1879 su continuación “La vuelta de Martín Fierro”. Con este poema Hernández logró retratar al gaucho —su modo de vida, su lengua, sus costumbres, sus injusticias— y convertirlo en símbolo de una parte esencial de la identidad nacional. El propio autor explicó que se había esforzado en presentar un tipo que personificara el carácter de nuestros gauchos, con todos los arranques de su altivez, sus vicios y sus virtudes.
La obra de Hernández sentó las bases de la literatura gauchesca argentina, siendo considerada una de las cumbres de nuestras letras. Cada 10 de noviembre se celebra en Argentina el Día de la Tradición, en homenaje a su natalicio, como reconocimiento de su aporte a la identidad nacional. Hoy, las temáticas que abordó —la disparidad entre campo y ciudad, la autonomía local, la dignidad de los sectores rurales— siguen tan vigentes como en su tiempo.
En un mundo donde la globalización y la urbanización suelen dejar de lado lo rural, Hernández nos recuerda la importancia de las raíces, las costumbres y la voz de los marginados. Su defensa de la federalización y de la autonomía provincial resuena en los debates actuales sobre centralismo, distribución del poder y equidad territorial. La forma en que combinó periodismo, poesía y compromiso político ofrece un modelo de intelectual comprometido, no meramente contemplativo. Para Villa María y toda la región de Córdoba, su legado inspira reflexiones sobre el patrimonio cultural, la identidad regional y la vida del campo argentino en transformación.
José Hernández fue un hombre de su tiempo, pero también un visionario que entendió que la voz del gaucho —una voz silenciada durante mucho tiempo— era fundamental para la Argentina que emergía. Su pluma y su espada dibujaron una imagen que perdura: la del criollo que, con su guitarra o su caballo, afronta la injusticia, la soledad y la transformación. A través de “Martín Fierro”, aquel canto abrió camino a la conciencia nacional. Recordarlo es reconocer que la historia argentina se construyó también en los fogones, en la campaña, en los relatos transmitidos al viento de las pampas. Y es, sobre todo, una invitación a preguntarnos hoy: ¿quiénes son esos gauchos del siglo XXI cuya voz aún no se ha escuchado?

