Escribe: Gustavo Billarruel
Cada 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha global impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que nos recuerda una verdad ineludible: no hay salud sin salud mental. Este es un llamado urgente a dejar de lado los viejos tabúes y el estigma para hablar abiertamente de nuestro bienestar emocional, una necesidad que atraviesa a todas las sociedades del mundo y que hoy nos interpela con urgencia en Argentina.
¿De Qué Hablamos Cuando Decimos Salud Mental?
Para romper el silencio, primero debemos entender el concepto. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental no como la simple ausencia de enfermedad, sino como:
»Un estado de bienestar en el cual cada individuo desarrolla su potencial, puede afrontar las tensiones de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera, y puede aportar algo a su comunidad.»
Es decir, la salud mental es la capacidad de gestionar nuestras emociones, de relacionarnos con los demás y de funcionar adecuadamente, un factor clave en todas las etapas de la vida.
El Precio de la Angustia: Crisis Económica y el Impacto Familiar
En la Argentina actual, la salud mental se ha transformado en una emergencia silenciosa. El cóctel de incertidumbre económica, la inflación y la dificultad para vivir con dignidad debido a factores coyunturales y estructurales, genera un profundo malestar colectivo. La sensación de falta de control sobre la vida financiera se traduce en un torbellino de emociones negativas: ansiedad, desesperanza, tristeza y agotamiento.
Pero esta crisis va más allá del plano individual, golpeando el núcleo familiar. El estrés económico y la preocupación constante se cuelan en el hogar, convirtiéndose en una fuente de tensión que erosiona los vínculos más importantes. El temor al futuro no solo nos afecta a nosotros mismos, sino a los seres que amamos, a quienes queremos brindar estabilidad y un futuro mejor. La inestabilidad, al afectar la base material de la vida, se convierte en un agente desestabilizador de los afectos.
De la Marginación a los Derechos: Un Vistazo a la Historia
El abordaje actual es el resultado de un largo proceso que buscó superar siglos de segregación. Durante décadas, el modelo hegemónico fue el del manicomio y el aislamiento. En Argentina, este modelo estuvo representado por instituciones como el Hospital Moyano (desde 1854) y el Hospital Borda.
Un cambio de paradigma fundamental llegó con la sanción de la Ley Nacional de Salud Mental N° 26.657 en 2010. Con un claro enfoque de Derechos Humanos, esta normativa busca la desmanicomialización progresiva y promueve la atención dentro de la comunidad y en hospitales generales. La ley reafirma que la atención debe ser integral y que nadie debe vivir en un hospital psiquiátrico de manera prolongada. Si bien el espíritu de la ley es incuestionable, su implementación sigue siendo un desafío debido a la escasez de recursos y la resistencia cultural al cambio.
La Voz de la Experiencia: Reflexiones para la Acción
Frente a este escenario de crisis social y personal, la psicología y la psiquiatría nos ofrecen claves para la reflexión.
El reconocido psicoanalista argentino Gabriel Rolón nos recuerda la importancia de enfrentar nuestras heridas y de amar la imperfección:
“Amar es siempre amar a alguien que algo le falta, y que tiene la generosidad de estar con nosotros que también nos faltan un montón de cosas.”
Por su parte, el psiquiatra español Víctor Frankl, sobreviviente del Holocausto y fundador de la logoterapia, nos invita a concentrar nuestra energía en lo que sí podemos cambiar:
»Cuando no somos capaces ya de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de cambiar nosotros mismos.»
Abrir la Conversación: La Herramienta de Transformación Universal
La salud mental es una problemática que atraviesa a todas las sociedades del mundo, y en nuestro país se ve magnificada por la inestabilidad. La clave, hoy más que nunca, es transformar la fragilidad individual y familiar en fortaleza colectiva.
Hablar de ansiedad, depresión, miedo e incertidumbre no es un signo de debilidad, sino un acto de coraje y el primer paso hacia la recuperación. Es hora de entender que no hay bienestar social ni personal sin una mente cuidada. En la crisis, el diálogo abierto, la búsqueda de ayuda profesional y la contención comunitaria son nuestra mejor herramienta para recuperar la dignidad y la esperanza.

