Desde la ciudad de La Plata, el arquitecto Gustavo San Juan reflexiona: “No podemos seguir construyendo como hace 40 años”, refiriéndose a las técnicas masivas del siglo XX, operativas pero insostenibles. Este pensamiento está materializándose en el nuevo Centro de Energías Renovables, construido bajo principios de bioconstrucción: ladrillos de plástico reciclado (PET), micelio, tableros de cáscaras de maní, proteínas de soja y aislantes de poliestireno expandido reciclado y lana de oveja. Este último recurso, valorado por Proyecto Abriga, aprovecha un subproducto usualmente descartado, convirtiéndolo en un aislante termoacústico eficiente.
Un sector que demanda transformación urgente
La construcción es una de las principales responsables de las emisiones globales: en 2022, alcanzó un 37 % de CO₂ emitido y el 34 % de la energía consumida. En Argentina, esas cifras llegan al 40 %.
Especialmente críticos son el cemento, el acero, el hormigón y el aluminio, que representan un 15 % de las emisiones globales por su alta demanda energética en la etapa productiva.
En ese marco, la construcción en seco (uso de materiales prefabricados sin agua) demostró reducir el consumo de combustible en un 60 % y las emisiones de CO₂ en un 22,5 %.
Experiencias de construcción sostenible en Argentina
Autoconstrucción y tierra cruda
En La Serranita (Córdoba), Ana Basso y su compañero levantaron un hogar autoconstruido en estructuras de madera y paja inundada en barbotina (mezcla de arcilla y agua), revestido en tierra. El resultado: una vivienda fresca en verano y cálida en invierno, con eficiencia térmica natural.
Bioconstrucción en Patagonia
Leonardo Nucci, de la Red Bioca, destaca la confusión entre lo “tradicional” y lo realmente local: “Lo tradicional son las construcciones en tierra”. Señala la falta de reglamentación nacional como una barrera, aunque 15 provincias ya aprobaron ordenanzas locales que regulan este tipo de técnicas y tres incluso promulgaron leyes al respecto.
Déficit y emergencia habitacional
Argentina enfrenta un déficit crónico: 1,6 millones de familias sin vivienda y más de dos millones sin infraestructura segura. La construcción informal y sin eficiencia energética aumenta los costos: se recurre a leña o garrafas, con alto impacto económico y ambiental. Institutos como la UNSAM subrayan que mejorar el aislamiento y promover tecnología accesible (bombas de calor, LED, ollas térmicas) puede aliviar esta realidad.
Políticas e instrumentos en desarrollo
Normas IRAM 11600
Ofrecen pautas voluntarias para el aislamiento térmico y ahorro energético. Sin obligatoriedad, su alcance es limitado.
Programa Nacional de Etiquetado de Viviendas (PRONEV)
Lanzado en 2023, este sistema evalúa la eficiencia energética anual de una vivienda en calefacción, refrigeración, agua caliente e iluminación. Aunque voluntario, provincias como Santa Fe ya lo exigen al escriturar.
Certificación LEED en AL
Argentina se posiciona quinto entre los países de la región en edificios sustentables LEED, aunque con crecimiento sostenido. El consenso es que hay materiales y normativa suficiente para potenciar una industria más amigable con el ambiente.
Innovaciones globales que iluminan el camino
Hormigón con captura de carbono
Capaz de absorber hasta 100 kg de CO₂ por metro cúbico, representa un enfoque transformador hacia estructuras que actúan como “sumideros de carbono”.
Biohormigón autorreparable
Contiene bacterias que sellan grietas con carbonato de calcio cuando éstas aparecen, prolongando la durabilidad de edificios.
Construcción modular prefabricada
Crece lentamente —en España, del 2 % actual al 10 % estimado para 2030—, pero ya es líder en países como Suecia y Países Bajos. Aporta rapidez, calidad, ahorro y reduce el impacto ambiental.
Materiales con balance de carbono negativo
Empresas como Elementic (Finlandia) desarrollan productos a base de lignina, que retienen hasta tres kilos de CO₂ por kilo de material, sin mezcla con arcilla ni hormigón, y aspirando a ser producidos masivamente desde 2026.
Voces desde el terreno
En Reddit, una experiencia cordobesa ejemplifica la bioconstrucción con sentido comunitario:
«…para este proyecto… vamos a utilizar muchos métodos específicos de sustentabilidad… adobe… superadobe… techo vivo… pisos de adobe… la idea es crear un hogar para inspirar a otros”.
Y en Tigre, una pyme familiar utiliza ladrillos de plástico reciclado en más de 200 obras, destacándose por velocidad, bajo costo y eficiencia energética .
Conclusión: hacia una construcción del siglo XXI
El desafío es doble: mitigar el impacto ambiental al renovar prácticas constructivas y responder a una urgencia social e hídrica de vivienda digna. Optar por materiales locales, naturales o reciclados —como tierra, paja, micelio, plásticos o lana de oveja— y métodos de autoconstrucción puede ser más que una alternativa: una verdadera solución adaptada al contexto argentino.
Complementar estas políticas con normas obligatorias según zonas climáticas, incentivos estatales y participación comunitaria es clave para edificar un futuro donde el techo de todos no sea a costa del planeta.

