El Mensajero
Opinión

Que no nos distraigan: mientras miran a Cristina, avanzan las reformas que tocan lo más sensible

Escribe: Gustavo Billarruel

Mientras los focos apuntan nuevamente a los tribunales de Comodoro Py y a Cristina Fernández de Kirchner, el Gobierno avanza en silencio con reformas que podrían transformar de raíz el sistema previsional, las condiciones laborales y la estructura de derechos que sostienen a millones de argentinos. Esas discusiones, mucho más que las causas judiciales, son las que deberían concentrar nuestra atención.

Hoy más que nunca hay que mirar hacia donde realmente se están moviendo las piezas. Las reformas previsionales y laborales no son meros ajustes administrativos: son decisiones que afectan directamente a los trabajadores, a los jubilados, a los estudiantes y a quienes dependen de la salud y la educación públicas. Sin embargo, buena parte de la sociedad parece distraída, anestesiada, mirando hacia el ruido judicial que se repite una y otra vez como una escena conocida.

No es casual que este nuevo capítulo judicial contra Cristina aparezca justo cuando el Congreso debate temas cruciales para el futuro social del país. Las causas reabiertas y las operaciones mediáticas parecen responder más a un calendario político que a un interés genuino por la justicia. La estrategia es clara: mientras el país se divide discutiendo nombres propios, en los despachos se diseñan leyes que redefinen la vida cotidiana de los argentinos.

El trasfondo económico no puede pasarse por alto. Tal como advirtió el titular de la Cámara Argentina de la Construcción, Gustavo Weiss, sin inversión en infraestructura “es imposible crecer”. Sin embargo, las prioridades oficiales parecen orientarse más a satisfacer las demandas del mercado financiero que a generar desarrollo real. En ese contexto, los endeudamientos multimillonarios, como el que impulsa el ministro Luis Caputo de la mano del JP Morgan, pasan casi desapercibidos, aunque hipotecan el futuro de generaciones enteras.

No me sorprende que vuelvan a instalar el circo judicial. Es un libreto viejo, una táctica eficaz para distraer mientras se avanza sobre lo más sensible. Lo repiten porque funciona: la sociedad mira el espectáculo mientras las decisiones verdaderamente importantes se firman lejos de las cámaras.

No creo en la resignación ni en el “dejemos que gobiernen a ver qué pasa”. Ya vimos qué pasa. No hay señales de que el rumbo cambie, y el costo lo pagan siempre los mismos: los que trabajan, los que estudian, los que sostienen lo público.

Por eso insisto: hay que mirar donde duele, donde se define el país que viene. Las reformas no son una abstracción, son el golpe directo a los derechos conquistados con esfuerzo y lucha. No podemos permitir que la distracción sea la herramienta con la que nos despojen, una vez más, de lo que es nuestro.

No nos durmamos. No nos callemos. Porque cuando la anestesia se pase, puede que ya sea demasiado tarde para reaccionar.

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