El Mensajero
Opinión

Sin repunte del consumo, las grandes alimenticias sienten el impacto

Escribe: Gustavo Billarreual

Los balances en rojo de las principales empresas alimenticias no son una anomalía empresarial ni un problema de gestión aislado. Son, antes que nada, el reflejo de una economía que ordena números pero deja personas afuera. Cuando el consumo no reacciona, no es por falta de productos en las góndolas, sino por la ausencia de ingresos suficientes en los hogares. Y ese dato, por más incómodo que resulte, atraviesa todo el cierre económico de 2025.

Las grandes compañías del sector hicieron lo que el manual indica: ajustaron costos, mejoraron eficiencia, buscaron volumen, apostaron a exportar. Sin embargo, ninguna estrategia logra reemplazar una verdad básica: sin salarios que alcancen, no hay mercado interno que funcione. La macro puede estabilizarse, pero si la recuperación no llega al bolsillo, la economía real queda suspendida en una promesa permanente.

El caso de las alimenticias es especialmente simbólico. No se trata de bienes suntuarios ni de consumos postergables. Se trata de comida. Que incluso ese sector muestre caídas en ventas y resultados negativos habla de una sociedad que compra menos de lo esencial, que ajusta sobre lo básico y resigna calidad o cantidad para llegar a fin de mes.

En este escenario, insistir en que el problema es solo de precios atrasados o de coyuntura financiera resulta insuficiente. El corazón del conflicto está en el poder adquisitivo deteriorado y en una lógica económica que confía en el derrame, pero posterga la recomposición del ingreso popular. Sin consumo, no hay círculo virtuoso posible, ni para las empresas ni para el conjunto de la economía.

Las exportaciones aparecen como un salvavidas parcial, pero también como una señal de alerta. Cuando producir para afuera se vuelve más viable que vender en el propio país, algo profundo se está rompiendo en el entramado social. El mercado interno no es un obstáculo a superar, es una condición a reconstruir.

El cierre de 2025 deja una enseñanza que trasciende balances y nombres propios. La recuperación económica no puede medirse solo en indicadores financieros si no se traduce en mesas llenas y compras posibles. Mientras eso no ocurra, las grandes alimenticias seguirán pagando el costo de una recuperación que, para la mayoría, todavía no llegó.

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