El Mensajero
Opinión

Una elección que se juega en muchos electorados

Escribe: Eva Pathenay

La política argentina enfrenta un escenario en el que las viejas categorías electorales parecen quedar cada vez más chicas.

Durante buena parte de la historia democrática, los grandes partidos construyeron identidades capaces de reunir a sectores muy diferentes. Peronistas y radicales podían convivir dentro de estructuras amplias, incluso cuando sus integrantes tenían intereses o posiciones muy distintas.

Hoy esa lógica está en discusión.

Los grandes espacios todavía conservan sus nombres y estructuras, pero ya no consiguen que todos sus votantes miren la política desde el mismo lugar. Dentro de ellos conviven dirigentes, votantes y sectores sociales con expectativas diferentes.

El desafío dejó de ser solamente construir una identidad capaz de representar a todos. Ahora también consiste en encontrar la manera de conectar con grupos que tienen demandas cada vez más específicas.

Del partido amplio al voto segmentado

Una parte importante de la sociedad ya no define su voto exclusivamente por pertenencia partidaria.

La economía, la inseguridad, el tamaño del Estado, la situación de cada provincia, el empleo o el rechazo a determinados dirigentes pueden pesar más que una identidad histórica.

Eso favorece la aparición de espacios políticos que comienzan concentrándose en un sector particular del electorado.

No necesitan ser mayoritarios desde el primer momento.

Les alcanza con construir una base convencida, activa y reconocible.

Si esa base consigue crecer, puede transformarse en algo mucho más grande.

Milei y la construcción de una nueva mayoría

El recorrido de Javier Milei muestra cómo puede funcionar esta dinámica.

La Libertad Avanza comenzó apoyándose en un electorado que encontraba en su discurso una respuesta al cansancio con la dirigencia tradicional. La crítica a la política, el cuestionamiento del Estado y la defensa de la libertad económica fueron algunos de los elementos que permitieron consolidar una identidad muy marcada.

El punto decisivo llegó cuando ese núcleo inicial comenzó a sumar votantes que no necesariamente compartían toda la visión libertaria, pero sí querían expresar su rechazo al rumbo que había tomado la política argentina.

La ampliación del espacio convirtió una identidad originalmente minoritaria en una fuerza con capacidad de disputar el poder.

El caso Milei muestra que una fuerza no necesita comenzar representando a la mayoría para terminar disputándole la mayoría a los espacios tradicionales.

Un electorado más difícil de retener

El problema para los partidos es que esa expansión no garantiza fidelidad permanente.

Una parte del electorado mantiene posiciones firmes, pero otra se mueve de acuerdo con el contexto. El bolsillo, las expectativas, los resultados de una gestión o el clima social pueden modificar rápidamente las preferencias.

Por eso, la política enfrenta una combinación particular: grupos pequeños pero muy convencidos y una masa de votantes mucho más abierta a cambiar de opción. Captar a los primeros permite construir identidad. Convencer a los segundos permite ganar elecciones.

Las redes aceleraron el fenómeno

La fragmentación también tiene una dimensión tecnológica.

Las redes sociales terminaron con buena parte de la experiencia informativa común que predominó durante décadas. Ya no todos reciben las mismas noticias, consumen los mismos programas ni siguen a los mismos referentes.

Cada usuario construye, en buena medida, su propio universo de información.

Ese fenómeno también modifica la comunicación política. Un dirigente puede hablarle directamente a una comunidad determinada y desarrollar con ella una relación mucho más intensa que la que permitían los medios tradicionales.

La consecuencia es una política más personalizada, con mensajes dirigidos a públicos concretos.

El desafío que plantea 2027

El escenario hacia 2027 puede profundizar esta tendencia.

El oficialismo tendrá que conservar a sus votantes más identificados y, al mismo tiempo, buscar apoyos entre sectores que no se consideran necesariamente libertarios.

El peronismo tendrá que resolver cómo mantener una coalición amplia en la que conviven posiciones muy diferentes.

Y los espacios intermedios tendrán que encontrar un lugar propio frente a dos grandes polos que intentarán absorber la mayor cantidad posible de votos.

Allí pueden aparecer oportunidades para fuerzas provinciales, sectores productivos, dirigentes moderados y votantes que buscan una alternativa sin sentirse representados plenamente por ninguno de los espacios principales.

La nueva disputa no será solamente por mayorías

En este escenario, la construcción electoral puede empezar desde abajo.

Primero aparece una comunidad con una demanda concreta. Después se suman otras. Finalmente, si esas demandas consiguen convivir dentro de un mismo proyecto, puede surgir una mayoría.

La campaña del futuro probablemente no consista en encontrar un mensaje capaz de hablarle a todos, sino en conseguir que públicos diferentes encuentren algo propio dentro de una misma propuesta.

Eso obliga a cambiar la mirada sobre las campañas.

La Argentina que se encamina hacia 2027 no parece estar organizada alrededor de una sola identidad política.

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