Escribe: Gustavo Billarruel
Y no lo digo desde el odio, sino desde una profunda tristeza.
Me cuesta entender lo que está pasando. Me cuesta aceptar cómo alguien que hace uso del cancionero popular, que canta historias nacidas del pueblo, del monte y del trabajo, decide prestarse a una puesta en escena que contradice todo eso.
Me duele ver al Chaqueño Palavecino compartiendo un escenario con un presidente que ha atacado de forma directa y sistemática a la cultura, a los jubilados, a las personas con discapacidad y a los trabajadores.
No puedo dejar de preguntarme qué dirían referentes enormes de nuestra música popular si vieran esta imagen. Qué sentiría Mercedes Sosa, que entendió la canción como un acto de compromiso, como un puente con los que no tenían voz.
Qué pensaría Horacio Guarany, quien decía que su gran arma era la guitarra, usada no para agradar al poder sino para defender la democracia y al pueblo.
Que esto haya ocurrido en mi querida provincia de Córdoba, en un festival nacional y profundamente popular como el de Jesús María, me duele todavía más.
Un festival que históricamente representó la identidad, la memoria y el encuentro, hoy fue escenario de una contradicción que cuesta digerir. Córdoba eligió democráticamente a este presidente, tuvo un fuerte respaldo electoral y eso merece respeto. Entiendo ese dato de la realidad. Pero entender no es adherir, y respetar no implica callar.
Anoche tuve sensaciones encontradas. Intenté mirar, pero no pude. El rechazo fue físico. Un dolor en el estómago me obligó a apagar. No fue intolerancia ni desprecio hacia quienes aplaudieron. Entiendo a quienes celebraron, respeto a quienes se emocionaron.
Pero yo no puedo subirme a eso. No otra vez.
¿Cómo hacerlo cuando veo a jubilados reprimidos, cuando pienso en tantas personas mayores y en quienes viven con discapacidad abandonados a su suerte? ¿Cómo aplaudir cuando las pymes cierran, cuando empresas bajan persianas y cuando la clase trabajadora ya no llega a fin de mes y usa la tarjeta solo para comer, cuando puede comer?
Por eso duele más. Porque el Chaqueño viene de abajo. Porque nació en la clase trabajadora, en el esfuerzo cotidiano, en la cultura del sacrificio. Porque sus canciones hablan del monte, del bosque chaqueño, del cuidado de la tierra, de la fauna y la flora que nos identifican.
Y mientras tanto vemos cómo se quema el sur, cómo arden nuestros parques, cómo se pierde biodiversidad, mientras bomberos y trabajadores dejan la vida combatiendo el fuego, el poder político mira para otro lado o directamente lo niega.
No puedo entender cómo alguien que canta a la naturaleza, al arraigo y a la identidad popular se presta a legitimar un proyecto que desprecia todo eso. No lo digo desde la superioridad moral. Lo digo desde la decepción.
Por eso la pregunta es sincera, humana, necesaria. Chaqueño, ¿qué pensarías si hoy fueras aquel trabajador que supiste ser, si todavía estuvieras al volante de un colectivo, si no hubieras tenido la posibilidad que te dio la música y te tocaran de lleno las reformas que se vienen? ¿De qué lado estarías? ¿Te animarías a cantar igual junto a este presidente?
Tal vez tuviste la fortuna, seguramente por mérito propio, de estar donde estás hoy. Pero no todos tuvieron esa oportunidad, y son justamente ellos quienes hoy pagan el costo.
No es cancelación.
No es odio.
Es dolor.
Yo, a este escenario, no me subo.

